Helena de Esparta

Howard David Johnson. Helena de Troya. 2006
   Soneto a Helena

Cuando seas muy vieja, a la luz de una vela
y al amor de la lumbre, devanando e hilando,
cantarás estos versos y dirás deslumbrada:
"Me los hizo Ronsard cuando yo era más bella".

No habrá entonces sirvienta que al oír tus palabras,
aunque ya doblegada por el peso del sueño,
cuando suene mi nombre la cabeza no yerga
y bendiga mi nombre, inmortal por la gloria.

Yo seré bajo tierra descarnado fantasma
y a la sombra de mirtos tendré ya mi reposo;
para entonces serás una vieja encorvada,

añorando mi amor, tus desdenes llorando.
Vive ahora; no aguardes a que llegue el mañana:
coge hoy mismo las rosas que te ofrece la vida.

"Soneto a Helena" (Sonnet à Hélène), de Pierre de Ronsard . Versión de Carlos Pujol. Bruguera, 1982

Helena (en griego antiguo: Ἑλένη), a veces conocida como Helena de Troya o Helena de Esparta, es un personaje de la mitología griega cuyo nombre tiene el significado de «tea» o «antorcha». Hija de Leda y Zeus, transformado en cisne. Tiene como padre «humano» a Tindáreo, sus hermanos son Cástor y Pólux y su hermana Clitemnestra.

Desde su más tierna infancia Helena sobresalió por su belleza. De hecho, una anécdota de su vida —que no cuenta homero—fue que con doce años fue raptada por Teseo. Teseo y Pirítoo (que se había hecho amigos, tras haber robado este último n Maratón el ganado que pertenecía a Teseo) decidieron casarse cada uno de ellos con diferentes hijas de Zeus y se ofrecen mutua ayuda para tal fin. Pirítoo eligió a Perséfone y Teseo a Helena.

Estando, pues, Helena en Laconia, ofreciendo un sacrificio a la diosa Artemisa fue raptada por Teseo y conducida a Atenas, donde sus habitantes se negaron a acogerla. Teseo, ante este contratiempo, se la llevó a Afidna, donde la dejó junto a su madre Etra. Los hermanos de Helena, los llamados dioscuros Cástor y Pólux, acudieron a liberarla, mientras Teseo y Pirítoo se encontraban de expedición en los Infiernos para raptar a Perséfone.

Los habitantes de Decilia ayudaron a los Dioscuros, al revelarles el paradero de la muchacha. Cástor y Pólux atacaron Afidna, tomaron la ciudad y no solo se llevaron a su hermana, sino también a Etra, la madre de Teseo. Según esta tradición Helena fue violentada por Teseo y quedó en cinta de una niña, que no es otra que Ifigenia, a la que daría a Clitemnestra para que fuera criada por esta. Sea como fuere, cuando Helena regresó a Lacedemonia, su padre, Tindáreo, pensó que había llegado el momento de buscar un marido para ella. Ante las puertas de Palacio se presentaron casi cien pretendientes, movidos tanto por la fama de la belleza de la joven, como por la noticia de que con ese casamiento conseguirían el trono de Esparta.


Tindáreo se quedó estupefacto por la afluencia de pretendientes y comenzó a temer que, al elegir a uno, el resto quedara descontento con la elección y se provocara una guerra.  Ulises le ofrece su consejo a cambio de que éste favorezca su matrimonio con Penélope. Finalmente, Ulises le aconseja que antes de la elección de marido por parte de Helena exija a todos los pretendientes un juramento sagrado (ὀρκός), por el cual se comprometan a respetar y hacer respetar el matrimonio con el hombre que ella elija. Tindáreo toma el consejo de Ulises y, tras recibir el juramento de todos los pretendientes, Helena elige a Menelao como esposo. A continuación, Tindáreo pide a su hermano Icario la mano de Penélope para Ulises y así se celebran ambos matrimonios.

Una variante del mito dice que tanto Helena como sus hermanastras Timandra y Clitemnestra fueron infieles y adúlteras como castigo de Afrodita, por haberse olvidado Tindáreo solo de ella al hacer un sacrificio a todos los dioses.

El matrimonio de Helena y Menelao parecía estable y feliz, pronto le dio una hija, llamada Hermíone. En este momento es en el que se sitúa el rapto de Helena. Helena era la mujer más bella del mundo y Afrodita había prometido entregársela en matrimonio a Paris, si este la elegía como la diosa más bella.

Paris, siguiendo los consejos de la diosa, se embarcó y se trasladó a Amiclas, donde fue huésped de los Tindáridas y luego a Esparta, donde fue recibido por Menelao. Mientras Paris se encontraba en la corte de Esparta, Menealao tuvo que ausentarse para asistir a los funerales de Catreo, quedando Helena encargada de las funciones de anfitrión. Esta ocasión fue aprovechada por Paris para seducir a la joven esposa y raptarla.

Los autores no se ponen de acuerdo si Helena consintió o no en el rapto, aunque lo más corriente es atribuir a la belleza y riqueza de Paris el consentimiento de la mujer, aunque Helena no se marchó sola, pues se llevó con ella algunos tesoros y a sus esclavas, dejando a su hija Hermíones en Esparta.

En cuanto al viaje de los amantes los poemas homéricos nada dicen a este respecto. La versión más antigua afirma que vientos favorables permitieron a Paris llegar en tres días a Asia Menor. Existe otra en la que la nave de Paris fue desviada por una tempestad hasta Sidón en Fenicia. Allí —según la Ilíada— Paris tomó la ciudad, saqueó el palacio y después se hizo a la mar, perseguido por los sidonios, contra los que sostuvo una violenta batalla.

* Existen versiones más extrañas en las que se cuenta que Helena nunca estuvo en Troya, sino que fue su fantasma o una nube con su apariencia, ya mediante la acción divina de Hera o Zeus o la magia de Proteo. El final de estas leyendas paralelas es exonerar a Helena, dejarla como víctima del destino.

En la tradición homérica Helena vivió realmente en Troya mientras duró la guerra. Fue acogida por Príamo y Hécuba, que quedaron maravillados ante su belleza. Pero no tardaron en llegar embajadores de Grecia, reclamando a la fugitiva. Todas estas embajadas no obtuvieron el resultado deseado, lo que provocó el estallido de la guerra. Helena vive con Paris y es considerada por todos como su esposa, pero generalmente es detestada por el pueblo troyano, que la considera la causa de la contienda. Sólo Héctor y el anciano Príamo saben que el verdadero motivo de la guerra está en la voluntad de los dioses; por eso se muestran benévolos con ella. En la Ilíada la vemos cómo desde la muralla indica a los troyanos los principales príncipes griegos. También, cuando el caballo de madera es introducido en la ciudad, Helena, que no ignora la trampa, acude a su lado a imitar la voz de las mujeres de los jefes griegos para así intentar atraparlos. Juega un doble papel,es compatriota de los enemigos, y todos saben que siente por ellos simpatía. Los troyanos con razón desconfían de ella. Helena es la mujer que, constantemente amenazada, sortea las dificultades y sabe que su hermosura la sacará de todos los malos pasos.

Una leyenda ignorada por la Ilíada cuenta cómo Aquiles que jamás la había visto, sintió deseos de conocerla, y cómo las diosas Tetis y Afrodita arreglaron una entrevista entre los dos. A veces se coloca esta entrevista con anterioridad al comienzo de las hostilidades, pero lo más corriente es situarla poco tiempo antes de la muerte de Aquiles. Es posible que durante la visita Aquiles se uniera a ella; por lo menos así lo pretenden los mitógrafos que atribuyen cinco “maridos” a Helena, caso en el cual Aquiles habría sido el cuarto, después de Teseo, Menelao y Paris. El quinto, con el cual casó después de la muerte de París, fue Deífobo, Otro hijo de Príamo. En efecto, desaparecido París, Príamo ofreció a Helena “al más valiente”. Se presentaron Deífobo y Héleno, así como Idomeneo (también hijo de Príamo); los tres estaban enamorados de ella desde hacía largo tiempo. Helena escogió a Deífobo, y Héleno, despechado, fue a refugiarse en el Ida, donde los griegos lo hicieron prisionero.

Cuando Ulises se introdujo en la ciudad disfrazado de mendigo, Helena lo reconoció, a pesar del cuidado con que él se había desfigurado —se había hecho mutilar por Toante—. Pero no llegó a delatarlo. Eurípides cuenta que reveló su presencia a Hécuba, pero ésta se limitó a despedirlo en vez de entregarlo a los troyanos. Más tarde, Ulises volvió a Troya, asimismo disfrazado, y en compañía de Diomedes para robar el Paladio. También en esta ocasión fue reconocido por Helena, pero ésta no se limitó a callarse, sino que le prestó su ayuda efectiva. Ulises, en el curso de esta temeraria hazaña, se habría puesto de acuerdo con ella acerca de cómo tomar la ciudad, que Helena debía entregarles.

Al llegar la noche fatal, Helena, en lo alto de la ciudadela agita la antorcha, que era la señal convenida para el regreso de la flota griega, emboscada a lo largo de la costa de Ténedos. Sustrae las armas de la casa de Deífobo hasta dejarla vacía, con objeto de impedir toda resistencia. Por lo que respecta a su persona, una vez dadas a los griegos todas estas pruebas de amistad, aguarda confiada la llegada de Menelao. Se dice que su marido, después de dar muerte a Deífobo, se presentó ante ella con la espada en alto, dispuesto también a matarla. Pero Helena se limitó a mostrársele medio desnuda, y ello bastó para que el arma le cayera de su mano. También se dice que se había refugiado en el templo de Afrodita, y que desde este inviolable asilo negoció la paz con su primer esposo. Pero cuando los griegos vieron que salía de la situación sana y salva, quisieron lapidarla; sin embargo, también en este trance la salvó su belleza: las piedras cayeron de las manos de sus verdugos.

El regreso de Helena, junto con Menelao, no resultó más fácil que el de los principales héroes que habían tomado parte en la guerra. Ocho años le costó llegar a Esparta. Anduvo errante por el Mediterráneo oriental, principalmente por Egipto, adonde la había arrojado un naufragio. Varias leyendas se relacionan con esta estancia en Egipto —la segunda, después de su residencia en el país con París, cuando se dirigían a Troya—. El piloto de su barco, Canobo (o Canopo), murió por la mordedura de una serpiente, y Helena mató el reptil y guardó su veneno. Hizo magníficos funerales al marino, que pasó a ser el héroe epónimo de « Canopo » en la desembocadura del Nilo. Se contaba igualmente que el rey de la ciudad vecina, llamado Ton, o Tonis, había acogido hospitalariamente a Menelao y Helena; pero, seducido por la belleza de ésta, había intentado violentarla, por lo cual Menelao le dio muerte. Una tradición más compleja decía que Menelao, al emprender una expedición a Etiopía, confió su esposa al rey Tonis; pero Polidamna, esposa de Tonis, al saber que su marido cortejaba a Helena, la envió a la isla de Faros, dándole una hierba para protegerla contra las numerosas serpientes que infestaban dicha isla. Esta hierba es el Helenio.

Antes de volver a Esparta, Helena y Menelao (según Eurípides) habrían desembarcado primero en Argos, precisamente el día en que Orestes acababa de dar muerte a Clitemestra y Egisto. Menelao, por precaución, introdujo a Helena en el palacio durante la noche. Ambos ignoraban los acontecimientos que acababan de ocurrir. Cuando Orestes vio a Helena rodeada de sus criadas y ataviada con fasto oriental a la moda troyana, quiso matarla; haciéndola responsable de todas las desgracias que habían caído sobre su casa. Pero, en este momento, por orden de Zeus, Apolo la habría arrebatado y convertido en un ser inmortal. Esta leyenda no está de acuerdo con la tradición más corriente que, desde la Odisea, presenta a Helena de regreso en su hogar, en Esparta, junto a Menelao, y constituyendo un ejemplo de todas las virtudes domésticas.

Con todo, la leyenda de la divinización de Helena debió de conservar cierta autoridad, puesto que se conocen gran número de santuarios a ella consagrados, en los que se honra también a Menelao. Éste habría sido divinizado a ruegos de su esposa, que deseaba compensarle de algún modo de los tormentos que le había causado en vida. También se atribuía a sus ruegos la divinización de sus hermanos Cástor y Pólux.

Una leyenda rodia citada por Pausanias ofrece un epílogo muy distinto a la vida de Helena. Según dicha leyenda, después de la muerte de Menelao, los dos hijos de éste, Nicóstrato y Megapentes, habrían desterrado a Helena, en castigo por sus faltas. Entonces, ella buscó refugio en Rodas, junto a su antigua amiga Polixo, cuyo marido había muerto en la guerra de Troya combatiendo en las filas griegas. Polixo simuló acogerla hospitalariamente, pero en su interior resolvió vengarse. Disfrazando a sus criadas de Erinias, les ordenó que atemorizasen a Helena mientras estaba bañándose. Las mujeres la atormentaron de tal manera que ella se ahorcó.

Existen todavía otras tradiciones acerca del “castigo” de Helena. Por ejemplo, que había sido sacrificada por Ifigenia, en Táuride —lo cual es una “venganza poética” del sacrificio de Ifigenia en Áulide—. O bien que Tetis, enojada por la muerte de Aquiles, caído por culpa de Helena, hizo perecer a ésta durante el viaje de regreso.

Entre las leyendas místicas concernientes a Helena, existe una que en que ésta aparece casada con Aquiles y viviendo eternamente en medio de festines en la isla Blanca (Leuke), situada en el mar Negro, en la desembocadura del Danubio. Poseidón y los demás dioses han celebrado la boda, y está prohibido a todo mortal entrar en esta isla. Es aquí donde Helena, haciendo una excepción, recibe al poeta Estesícoro después de que él hubiese perdido la vista. Aquiles y Helena habrían tenido un hijo, Euforión, un ser alado que fue amado por Zeus.

Helena tuvo hijos de sus varios matrimonios; sólo su unión con Deífobo fue estéril. Se cuenta que Paris y ella tuvieron una larga discusión sobre el nombre que habían de imponer a su hija: si Alejandra, como el de su padre, o Helena, como el de su madre. Finalmente, lo jugaron a la taba, y ganó Helena. Se dice que esta hija fue asesinada por Hécuba. Sus cuatro hijos varones murieron aplastados al desplomarse un techo durante el saqueo de Troya.

LITERATURA

Sonetos para Helena de Ronsard

I
Hoy, primero de mayo, Helena, yo te juro
por Cástor y por Polux, tus hermanos gemelos,
por la vid enlazada al tronco de los olmos,
por los prados, los bosques erizados de verde,

por la estación primera de la Naturaleza,
por el cristal que corre por el fondo del río
y por los ruiseñores, milagro de los pájaros,
que sólo has de ser tú mi última aventura.

Únicamente tú me gustas; pues si amo
tu juventud ha sido por elección, no azar:
y voluntariamente acepto mi pasión.

Me confieso hacedor de mi propia fortuna:
virtud me ha conducido a esta afectividad.
Si la virtud me engaña, adiós bella Querida.


II
Bebiendo a largos tragos el fulgor amoroso
que exhala la belleza de tus ojos, me ciego.
Turbada la razón y el alma, no disfruto,
y, como ebrio de amor, se tambalea mi cuerpo.

Me late el corazón en las sienes, se enfría
mi calor natural de miedo, mis sentidos
deshechos se eterizan, y quedas satisfecha
de adquirir, por mi muerte, fama de crueldad.

Tu mirar fulminante me traspasa la piel,
el corazón, el cuerpo, con sus rayos cual saetas
que me alcanzan el alma; y, si quiero dolerme

o pedir compasión de este mal que recibo,
de tal modo me oprime tu crueldad la voz
que no me atrevo a hablar por temor a tus ojos.

Versión de Pedro Gandía
HELENA de Yorgos Seferis

Teucro: A la tierra de Chipre, en medio del mar, donde
Apolo dispuso mi nuevo hogar, la llamaré
Salamina, en memoria de mi isla, de mi patria
perdida.
Helena: Jamás estuve en Troya fue un simulacro
El mensajero: ¿Qué dices?
¿Entonces hemos sufrido por una nube?

(Eurípides, Helena)

"Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres."

Tímido ruiseñor, escondido en la respiración de las hojas,
tú que regalas la frescura musical del bosque
a los cuerpos separados y a las almas
de aquellos que saben que no regresarán.
Ciega voz, que tanteas en la memoria nocturna
pasos y gestos, no me atrevería a decir besos;
y la amarga agitación de la furiosa cautiva.

"Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres."

¿Qué es Platres? ¿Quién conoce esta isla?
He pasado mi vida oyendo nombres desconocidos:
nuevos lugares, nuevas locuras de los hombres
o de los dioses; mi destino, que oscila
entre el último golpe de la espada de un Ayax
y una nueva Salamina, me trajo aquí a esta playa.
La luna surgió del mar como Afrodita;
ocultó las estrellas de Sagitario, va ahora a encontrar
el corazón de Escorpio, y todo lo cambia.
¿Dónde está la verdad?
Yo también fui arquero en la guerra:
mi destino, el de un hombre que no dio en el blanco.
Ruiseñor, juglar,
en una noche como ésta en la playa de Proteo
te escucharon las esclavas espartanas y prorrumpieron en lamentos,
y entre ellas —quién diría— ¡Helena!
Aquella que perseguimos durante años junto al Escamandro.
Estaba allí, al borde del desierto; la toqué, me habló:
"No es verdad, no es verdad", gritaba,
"No entré en la nave de proa azul.
Nunca pisé la valiente Troya".
Con el cóncavo corpiño, el sol en los cabellos y aquel talle,
sombras y sonrisas por todas partes,
en los hombros, en los muslos, en las rodillas;
fresca la piel, y los ojos
de largas pestañas,
estaba allí, a orillas de un Delta.
¿Y en Troya?
En Troya nada —un simulacro.
Así lo quisieron los dioses.
Y Paris se acostaba con una sombra como si fuera un cuerpo sólido;
y nosotros matamos durante diez años por Helena.
Un gran dolor había caído sobre Grecia.
Tantos cuerpos arrojados
a las fauces del mar, a las fauces de la tierra;
tantas almas entregadas como trigo a la piedra de los molinos.
Y los ríos se henchían de sangre y de lodo
por una onda de lino, por una nube,
por el aleteo de una mariposa, por un plumón de cisne,
por una túnica vacía, por una Helena.
¿Y mi hermano?
Ruiseñor ruiseñor ruiseñor
¿Qué es un dios? ¿qué no es un dios? ¿Y qué entre los dos?

"Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres."

Ave llorosa, en Chipre la besada por el mar
donde fue dispuesto que me acordara de la patria,
anclé sólo con esta fábula,
si en verdad esto es fábula,
si en verdad los hombres no volverán a morder
el viejo cebo de los dioses;
si en verdad otro Teucro, después de años,
o algún Ayax o Príamo o Hécuba
o algún desconocido, alguien anónimo, que sin embargo
vio un Escamandro rebosante de cadáveres,
no tiene en su destino oír
al mensajero que viene a decir
que tanto dolor tanta vida
fueron al abismo
por una túnica vacía, por una Helena.

 De Diario de a bordo, III

[Selección de la profesora Mercedes Ortiz]

Casi todos los autores antiguos hacen relatos más o menos extensos de la figura de Helena. Además de las epopeyas homéricas retendremos una serie de obras que, a pesar de las múltiples y variadas versiones de la leyenda, coinciden en plantearse la responsabilidad de Helena en la guerra de Troya. Instrumento de Afrodita, mujer fatal por excelencia, la mayoría de los autores la juzga culpable por su consentimiento al rapto. Eurípides la condena a través de las acusaciones de Hécuba en Las troyanas. Séneca en la obra del mismo nombre también lanzará sus acusaciones contra esta.
Algunos, sin embargo, intentaron excusarla, como víctima de los hombres y/o de los dioses, llegando incluso a redactarse panegíricos exculpatorios. El orador ateniense Isócrates demuestra que la guerra fue beneficiosa para Grecia al haberle permitido vencer a una poderosa potencia rival.
En el elogio de Gorgias explica que la fatalidad, la coacción y las pasiones son factores que, conjugados, pueden absolver a la heroína.
Eurípides en su Helena retoma la tradición de Estesícoro, según la cual Helena nunca siguió a París a Troya, sino que se llevó el fantasma de aquella, quedándose la mujer en Egipto.
En cuanto al retorno a Esparta, Eurípides imagina en el Orestes que este se produce el mimo día del juicio del muchacho por haber asesinado a su madre Clitemnestra, amenazando también con matar a Helena, que es salvada por Apolo.
Las obras posteriores también se interrogarán sobre la culpabilidad de Helena. Así el Roman de Troie de Benoît de Sainte Maure, Helena y Paris aparecen como la pareja de amantes perfectos y Helena como el prototipo de belleza ideal. En los sonetos para Helena de Ronsard lleva a cabo una fusión poética entre el nombre real de la mujer que ama y el de la heroína legendaria. Aparece evocada en Troilo y Crésida de William Shakespeare.
En el s. XVII se subraya nuevamente la responsabilidad de Helena en el desencadenamiento de la guerra de Troya, como por ejemplo en La Troade de Robert Garnier. Paralelamente se instaura otra tradición por la cual se convierte a Helena en una figura divina. Así Goethe la hace resurgir de los infiernos o Christopher Marlowe en La trágica historia del doctor Fausto. Otros autores tratan la figura de Helena de manera burlesca, así Gómez Rocha de Ulloa.
A partir del siglo XIX encontraremos una serie de obras dedicadas a la figura de este personaje, entre ellas Helena egipcia de Hofmannsthal; Helena de Esparta de Émile Verhaeren; La bella Helena de Meihlac y Halévy. La guerra de Troya no tendrá lugar de Giraudoux, Helena de Troya se burla de todos los corazones pero no deja de ser censurada por su insensibilidad. Representa un papel importante en la Odisea de Nikos Kazantakis. Por último el sinfín de novelas que han aparecido en los últimos tiempos sobre la figura de Helena en el panorama literario internacional.

MÚSICA

Podemos gozar de la adaptación musical de Strauss de la obra de Hofmannsthal. También son conocidas las óperas de Gluck, Paris y Helena de Offenbach, una ópera bufa llamada La bella Helena.

Paris y Helena de Gluck
Strauss Helena egipcia
Paris y Helena de Offenbach

CINE

La figura de Helena también ha sido llevada al cine desde sus inicios. En 1927 sir Alexandre Korda le dedicó una película titulada La vida privada de Helena de Troya. Tober Wise en 1954 dirigió Helena de Troya; en 1964 Giorgio Ferroni engendró Helena, reina de Troya.

Helena de Troya de John Kent Harrison de 2003.

ESCULTURA

PINTURA

ASTRONOMÍA

Helena (Helena S XII) es una de las muchas lunas de Saturno, fue descubierto el 1 de marzo de 1980 por Pedro Lacas, Raymond y Jean Despiau Lecacheux (Observatorio de Meudon) con el telescopio de 1 metro observatorio Pico du Midi. El número exacto de satélites probablemente nunca será conocido por los anillos del planeta contiene importantes piezas de hielo que son potencialmente pequeñas lunas.
En marzo de 2010, la nave espacial Cassini ha fotografiado a Helena, la pequeña luna troyana de Saturno en detalle. La nave espacial estuvo muy cerca de Helena, a unos 20 000 km. Las dimensiones de esta luna helada son 36x32x30 km.
Helena también tiene la distinción de giro alrededor de Saturno, justo por delante de una luna más masiva, Dione, por lo que es una de las cuatro de la luna de Saturno para ocupar una zona de estabilidad gravitatoria denominado Punto de Lagrange «.
La luna Helena, órbita en el punto de Lagrange L4, 60 º por delante de Dione.

Saturno tiene lunas que comparten el asombro misma órbita. Tetis y su órbita es precedido y seguido por equidistantes Telesto de Calypso. Del mismo modo, Dione es precedida por Helena y Pólux el pequeño satélite, sigue. Helen es regularmente desde 400 hasta 000 km en su órbita de Dione dividido.

MI RELATO EN ZENDA

MI AUDIORELATO EN IVOOX

BIBLIOGRAFÍA

-Antonio Ruíz de Elvira, Mitología Clásica, ed. Gredos, Madrid, 1995

-Pierre Grimal, Diccionario de Mitología griega y romana, Paidós, Barcelona, 1981

– Eurípides, Tragedias III, Traducción de J. L Calvo, C. García Gual y L.A de Cuenca, biblioteca Gredos, Barcelona,2006

http://www.astronoo.com/es/articulos/helena-luna-de-saturno.html

http://elhacedordesuenos.blogspot.com/2011/04/poema-de-la-semana_25.html

http://elhacedordesuenos.blogspot.com/

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