Electra

ELECTRA EN LA NIEBLA 

En la niebla marina voy perdida,
yo, Electra, tanteando mis vestidos
y el rostro que en horas fui mudada.
Ahora sólo soy la que ha matado.
Será tal vez a causa de la niebla
que así me nombro por reconocerme.

Quise ver muerto al que mató y lo he visto
o no fue él lo que vi, que fue la Muerte.
Ya no me importa lo que me importaba.
Ya ella no respira el mar Egeo.
Ya está más muda que piedra rodada.
Ya no hace el bien ni el mal. Está sin obras.
Ni me nombra ni me ama ni me odia.
Era mi madre, y yo era su leche,
nada más que su leche vuelta sangre.
Sólo su leche y su perfil,
marchando o dormida.
Camino libre sin oír su grito,
que me devuelve y sin oír sus voces,
pero ella no camina, está tendida.
Y la vuelan en vano sus palabras,
sus ademanes, su nombre y su risa,
mientras que yo y Orestes caminamos
tierra de Hélade Ática, suya y de nosotros.
Y cuando Orestes sestee a mi lado
la mejilla sumida, el ojo oscuro,
veré que, como en mí, corren su cuerpo
las manos de ella que lo enmallotaron
y que la nombra con sus cuatro sílabas
que no se rompen y no se deshacen.
Porque se lo dijimos en el alba
y en el anochecer y el duro nombre
vive sin ella por más que esté muerta.
Y a cada vez que los dos nos miremos,
caerá su nombre como cae el fruto
resbalando en guiones de silencio.

Sólo a Ifigenia y al amante amaba
por angostura de su pecho frío.
Y a mí y a Orestes nos dejó sin besos,
sin tejer nuestros dedos con los suyos.
Orestes, no te sé rumbo y camino.
Si esta noche estuvieras a mi lado,
oiría yo tu alma, tú la mía.

Esta niebla salada borra todo
lo que habla y endulza al pasajero:
rutas, puentes, pueblos, árboles.
No hay semblante que mire y reconozca
no más la niebla de mano insistente
que el rostro nos recorre y los costados.

A dónde vamos yendo, los huidos,
si el largo nombre recorre la boca
o cae y se retarda sobre el pecho
como el hálito de ella, y sus facciones,
que vuelan disueltas, acaso buscándome.

El habla, niña nos vuelve y resbala
por nuestros cuerpos, Orestes, mi hermano,
y los juegos pueriles, y tu acento.
Husmea mi camino y ven, Orestes.
Está la noche acribillada de ella,
abierta de ella, y viviente de ella.
Parece que no tiene palabra
ni otro viajero, ni otro santo y seña.
Pero en llegando el día, ha de dejarnos.
¿Por qué no duerme al lado del Egisto.
Será que pende siempre de su seno
la leche que nos dio será eso eterno
y será que esta sal que trae el viento
no es del aire marino, es de su leche?

Apresúrate, Orestes, ya que seremos
dos siempre, dos, como manos cogidas
o los pies corredores de la tórtola huida.
No dejes que yo marche en esta noche
rumbo al desierto y tanteando en la niebla.

Yo no quiero saber, pero quisiera
saberlo todo de tu boca misma,
cómo cayó, qué dijo dando del grito
y si te dio maldición o te bendijo.

Espérame en el cruce del camino
en donde hay piedras lajas y unas matas
de menta y de romero, que confortan.

Porque ella -tú la oyes- ella llama,
y siempre va a llamar, y es preferible
morir los dos sin que nadie nos vea
de puñal, Orestes, y morir de propia muerte.
-El Dios que te movió nos dé esta gracia.
-Y las tres gracias que a mí me movieron.
-Están como medidos los alientos.
-Donde los dos se rompan pararemos.
La niebla tiene pliegues de sudario
dulce en el palpo, en la boca salobre,
y volverás a ir al canto mío.*
Siempre viviste lo que yo vivía
por otro atajo irás y al lado mío.
Tal vez la niebla es tu aliento y mis pasos
los tuyos son por desnudos y heridos.
Pero ¿por qué tan callado caminas
y vas a mi costado sin palabra?

El paso enfermo y el perfil humoso,
si por ser uno lo mismo quisimos
y cumplimos lo mismo y nos llamamos
Electra-Oreste, yo, tú, Oreste-Electra.
O yo soy niebla que corre sin verse
o tú niebla que corre sin saberse.
-Pare yo porque puedas detenerte
o yo me tumbe, para detenerte con mi cuerpo tu carrera,
tal vez todo fue sueño de nosotros
adentro de la niebla amoratada,
befa de la niebla que vuela sin sentido.
Pero marchar me rinde y necesito
romper la niebla o que me rompa ella.
Si alma los dos tuvimos, que nuestra alma
-siga marchando y que nos abandone.
-Ella es quien va pasando y no la niebla.
Era una sola en un solo palacio
y ahora es niebla-albatros, niebla-barco.
Y aunque mató y fue muerta ella camina
más ágil y ligera que en su cuerpo
así es que nos rendimos sin rendirla.
Orestes, hermano, te has dormido
caminando o de nada te acuerdas
que no respondes.

O yo nunca nací, sólo
he soñado padre, madre, y un héroe,
una casa, la fuente Dircea y Ágora.
No es cuerpo el que llegó,
ni potencias.

Gabriela Mistral

El nombre de Electra  Ἠλέκτρα [Êléktra]  en griego antiguo significa ámbares’. Era una de las hijas de Agamenón, rey de Micenas, y de su esposa Clitemnestra.

Su mito gira en torno a la venganza de la muerte de su padre, asesinando, a su vez, por propia madre Clitemnestra y el amante de ésta, Egisto.

El conflicto con su madre da nombre al «complejo de Electra», término propuesto por el psicólogo Carl Gustav Jung

Antes de partir hacia Troya, Agamenón había sacrificado a su hija menor Ifigenia a Ártemis para impetrar la protección de los dioses en la guerra. Tras diez años de guerra, Agamenón regresó a Micenas trayendo a su concubina Casandra como botín de guerra cuando Electra se hallaba ausente del reino. Agamenón y Casandra fueron asesinados por Egisto, el amante de Clitemnestra, según unas versiones; por la misma Clitemnestra, según otras, o por ambos. Algunas fuentes añaden que también fueron asesinados Telédamo y Pélope, los dos hijos gemelos que Casandra le había dado a Agamenón. Al hermano menor de Electra, Orestes, que entonces era un niño, lo salvaron su nodriza Arsínoe o la propia Electra. Orestes fue llevado a Fanote, en el Monte Parnaso, donde lo confiaron al rey Estrofio. Cuando Orestes cumplió veinte años, el oráculo de Delfos le ordenó regresar a su patria y vengar la muerte de su padre.

Existen varias versiones sobre la muerte de Clitemnestra, estas versiones fueron las ofrecidas por los dramaturgos griegos.

Según la dramatización de Esquilo, Orestes se encontró con Electra ante la tumba de Agamenón, a donde ambos habían ido para rendir honras fúnebres a su padre; se reconocieron y se pusieron de acuerdo para que Orestes vengara a su padre. Con la ayuda de Pilades, hijo del rey Estrofio, Orestes mata a su madre, que lo maldice, y al amante de aquella, en algunas versiones con ayuda de Electra. Tras el crimen enloquece y es perseguido por las Erinias, (o Furias) —la culpa— cuya misión es castigar las trasgresiones de los lazos de piedad familiar, y que, sin embargo, no acosan a Electra.

Orestes, a quien las Erinias empujan hacia el suicidio, se refugió en el templo de Apolo en Delfos. Aunque Apolo le hubiera ordenado vengarse, el dios fue incapaz de protegerlo de las consecuencias de sus acciones. Al fin, Atenea lo recibió en la Acrópolis de Atenas y arregló un juicio ante doce jueces áticos: Las Erinias reclamaron su víctima; él presentó como atenuante las órdenes de Apolo; los votos de los jueces estaban equitativamente divididos, pero Atenea dio su voto de calidad a favor de la absolución.

En la versión de Eurípides (Ifigenia en Tauros), Orestes es conducido por las Furias hasta Tauros, en el Mar Negro, donde su hermana Ifigenia (que no había muerto realmente en el sacrificio que ordenó su padre) se hallaba recogida por sus semisalvajes habitantes. Ifigenia, Pilades y Orestes habrían escapado juntos de los Tauros y las Furias habrían cedido entonces en su persecución tras la reunión de la familia. Electra en esta versión se habría casado con Pilades.

En la literatura

  • Existen varias tragedias clásicas cuyos argumentos están basados en este mito: Electra, de Sófocles, las Coéforas, de Esquilo y Electra, de Eurípides.
  • En 1600, Hamlet del dramaturgo inglés William Shakespeare y versiones anteriores de esta obra (Ur-Hamlet, 1589).
  • En 1901, Galdós estrena Electra, personal visión del mito por parte del autor canario.
  • En 1931, Eugene O’Neill recreará el mito en A Electra le sienta bien el luto (Mourning Becomes Electra).
  • En 1937, la obra Electre de Jean Giraudoux.
  • En 1948, se estrena la obra de teatro escrita por Virgilio Piñera «Electra Garrigó«
  • En 1947, la obra Las moscas de Jean Paul Sartre.
  • En 1949, la obra Electra de José María Pemán.
  • En 1954 la obra Electra, o La caída de las máscaras de Marguerite Yourcenar.
  • En 1962, en el teatro argentino con El reñidero de Sergio De Cecco.
  • En 1970, la novela Escalera para Electra de Aída Cartagena Portalatín. Una reescritura de la obra de Electra, de Eurípides.
  • Electricidad, de Luis Alfaro, Electra en un barrio chicano.
  • Infamante Electra (2005) de Benjamín Galemiri.
  • En 2004, Molora, obra de teatro de Yael Farber.
  • En 2003, The Murders at Argos de David Foley.
  • En 2018, Elektra, de Joan Miquel Oliver

En el arte

En la Música

Electra de Strauss

En la Psicología

El complejo de Electra fue mencionado por primera vez en 1913, como un complemento para definir el desarrollo psicosexual de los niños sugerido por el psiquiatra Sigmund Freud (1856-1939). Este último definía el complejo de Edipo como el paradigma universal del desarrollo humano sexual y psicológico.

Freud usa los elementos del parricidio, el incesto y la represión del mito griego de Edipo para definir el complejo de Edipo. Freud define que el complejo se manifiesta como el primer impulso sexual hacia la madre y el primer odio pasional hacia el padre.

En el Cine

Electra de Cocoianis 1962

En la Astronomía

Electra (17 Tauri / HD 23302 / HR 1142) es una estrella que forma parte del cúmulo de las Pléyades en la constelación de Tauro. Su magnitud aparente es +3,72 y se encuentra a unos 440 años luz de distancia. Es la tercera estrella más brillante de las Pléyades, después de Alcíone (25 Tauri) y Atlas (27 Tauri). 

Electra es una estrella gigante blanco-azulada de tipo espectral B6IIIe. Irradia 1225 veces más energía que el Sol desde su caliente superficie a 14.000 K de temperatura. Con un radio 6 veces mayor que el radio solar, es una de las cuatro gigantes del cúmulo y, como tal, es una estrella que ha comenzado a expandirse tras agotar su hidrógeno interno.

Electra gira sobre sí misma con una velocidad de rotación de al menos 170 km/s —siendo éste un límite inferior—, completando un giro en menos de 1,75 días. Al igual que otras estrellas de las Pléyades, se halla rodeada por un disco ecuatorial de materia expulsada, lo que la convierte en una estrella Be. Su masa estimada es de 5 masas solares y su edad se cifra en unos 130 millones de años.

A partir de su espectro —posteriormente confirmado por ocultación lunar— se sabe que Electra es una estrella binaria cercana. Su compañera, probablemente una estrella blanca de la secuencia principal, orbita a 0,8 UA de la gigante azul con un período de 100,46 días.

El ámbar fue llamado en la Grecia antigua con el nombre de «electrón» en referencia a la estrella Electra, ya que la luz cálida que emite esta estrella recordaba al ámbar. Posteriormente el ámbar (en griego «electrón»), que posee propiedades de polaridad, dio nombre a la palabra electricidad.

Mi Relato para Zenda

Mi IVOOX

https://www.ivoox.com/player_ej_91382006_6_1.html?c1=ee119d

Bibliografía

https://es.wikipedia.org/wiki/Electra_(estrella)

https://es.wikipedia.org/wiki/Electra

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