
Torre, no hiedra, fui. El viento nada pudo
rondando en torno mío con sus cuernos de toro:
alzaba polvaredas desde el norte y el sur
y aun desde otros puntos que olvidé o que ignoraba.
Pero yo resistía, profunda de cimientos,
ancha de muros, sólida
y caliente de entrañas, defendiendo a los míos.
El dolor era un deudo de aquella familia.
No el predilecto ni el mayor. Un deudo
comedido en la faena, humilde comensal,
oscuro relator de cuentos junto al fuego.
Cazaba, en ocasiones, lejos, y por servir
su instinto de varón
que tiene el pulso firme y los ojos certeros.
Volvía con la presa y la entregaba al hábil
destazador y al diestro
afán de la mujeres.
Al recogerme yo decía: qué hermosa
labor están tejiendo con las horas mis manos.
Desde la juventud tuve frente a mis ojos
un hermoso dechado
y no ambicioné más que copiar su figura.
En su día fui casta
y después fiel al único, al esposo.
Nunca la aurora me encontró dormida
ni me alcanzó la noche
antes que se apagara mi rumor de colmena.
La casa de mi dueño se llenó de obras
y su campo llegó hasta el horizonte.
Y para que su nombre no acabara
al acabar su cuerpo
tuvo hijos en mí valientes, laboriosos,
tuvo hijas de virtud,
desposadas con yernos aceptables
(excepto una, virgen, que se guardó a sí misma
tal vez como la ofrenda para un dios).
Los que me conocieron me llamaron dichosa
y no me contenté con recibir
la feliz alabanza de mis iguales
sino que me incliné hasta los pequeños
para sembrar en ellos gratitud.
Cuando vino el relámpago buscando
aquel árbol de las conversaciones
clamó por la injusticia el fulminado.
Yo no dije palaras, porque es condición mía
no entender otra cosa sino el deber y he sido
obediente al desastre:
viuda irreprensible, reina que pasó a esclava
sin que su dignidad de reina padeciera
y madre, ay, y madre
huérfana de su prole.
Arrastré la vejez como una túnica
demasiado pesada.
Quedé ciega de años y de llanto
y en mi ceguera vi
la visión que sostuvo en su lugar mi ánimo.
Vino la invalidez, el frío, el frío,
y tuve que entregarme a la piedad
de los que viven. Antes
me entregué así al amor, al infortunio.
Alguien asiste mi agonía. Me hace
beber a sorbos una docilidad difícil
y yo voy aceptando
que se cumplan en mí los últimos misterios.
«Testamento de Hécuba», de Rosario Castellanos en «Materia memorable»
En la mitología griega, Hécuba o Hécabe (Ἑκάβη, Hekábē), fue reina de Troya, la segunda esposa de Príamo. Según la Ilíada se trata de la hija de Dimante o Dimas, rey de Frigia, pero Eurípides y Virgilio la hacen hija de Ciseo, rey de Tracia.
Hécuba tuvo de Príamo una abundante descendencia que según las fuentes va desde los 14 hijos que le da Apolodoro a los 50 que propone Eurípides, pasando por los 19 de la tradición más extendida. La literatura menciona a los siguientes hijos: Antipo, Deífobo, Héctor, Héleno, Hipónoo, Pamón, Paris, Polidoro, Polites y Troilo. También tuvieron cuatro hijas: Casandra, Laódice, Políxena e Ilíona.
El sueño que tuvo cuando estaba a punto de nacer Paris fue que iba a dar a luz una antorcha encendida que se propagaría por toda la ciudad y Ésaco interpretó que significaba que el niño que naciera sería la ruina de Troya.
Casi todos los hijos de Hécuba murieron a manos de Aquiles o de su hijo Neptólemo, durante la guerra. Otros como Polidoro, Polixena o Casandra murieron, siendo ella ya esclava de Agamenón, en la corte de Micenas.
Hécuba mandó a Polidoro, su hijo menor, a Tracia para que huyera de la guerra que se avecinaba. Durante la guerra, Polidoro fue cuidado por Poliméstor, el rey de aquel lugar, que estaba casado con Ilíona, la hija primogénita de Príamo y Hécuba.
Después de la guerra de Troya, los griegos convirtieron a Hécuba en su esclava, correspondiendo en el reparto a la parte de Odiseo, aunque otras tradiciones dicen que marchó con Héleno al Quersoneso Tracio, o que fue llevada a Licia por Apolo.
Embarcada junto a otros esclavos, llegó a Tracia, donde descubrió que Poliméstor había matado a Polidoro para apoderarse de los bienes que había traído. Hécuba se vengó sacándole los ojos y matándolo junto a dos de sus hijos.
Sobre su destino final, se contaba que los dioses la convirtieron en una perra y que fue enterrada en un lugar que desde entonces se conoce como el «Sepulcro de la Perra».
En la literatura
Hécuba triste de Fernán López de Oliva.
En el arte





En el Teatro
En la Astronomía
Hecuba es un asteroide perteneciente al cinturón exterior de asteroides descubierto el 2 de abril de 1869 por Karl Theodor Robert Luther desde el observatorio de Düsseldorf-Bilk, Alemania.
Hecuba orbita a una distancia media de 3,238 ua del Sol, pudiendo alejarse hasta 3,417 ua. Tiene una inclinación orbital de 4,221° y una excentricidad de 0,05538. Emplea 2128 días en completar una órbita alrededor del Sol.

Mi relato en Zenda
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Bibliografía y Webgrafía
- http://poesiaabierta.blogspot.com/2013/01/testamento-de-hecuba-poema-de-rosario.html
- https://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A9cuba#:~:text=En%20la%20mitolog%C3%ADa%20griega%2C%20H%C3%A9cuba,de%20Ciseo%2C%20rey%20de%20Tracia.
- Antonio Ruíz de Elvira, Mitología Clásica, ed. Gredos, Madrid, 1995
- Pierre Grimal, Diccionario de Mitología griega y romana, Paidós, Barcelona, 1981
- Eurípides, Tragedias III, Traducción de J. L Calvo, C. García Gual y L.A de Cuenca, biblioteca Gredos, Barcelona,2006


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